Una historia como muchas otras.
Esta es una historia como muchas otras. Se trataba de un muchacho como muchos otros, que tenia una linda familia como muchas otras. Como muchos otros días se despertó, se dirigió al baño, tomó una ducha, se lavo los dientes, al salir del baño se dirigió hacia el viejo ropero que le había regalado el abuelo, al que tanto cariño le tenia y al que, aun después de cuatro años del incidente, le lloraba por las noches reprochándole que aun no lo podía asimilar, en fin, saco esa camisa roja que siempre se ponía junto aquellas mezclillas viejas, par de prendas que a su madre volvían loca y le decía a su hijo que parecía un retrato y que la gente pensaría que no le compraban ropa, pero así como al hijo no le importaban las palabras de su madre, a ella le dejaron de importar las prendas de su hijo.
Al entrar a la cocina se topó con su padre, quien como muchos otros padres le dio los buenos días a su hijo. El chico abrió el refrigerador, que también era como muchos otros y saco un yogurt de beber. Lo abrió y lo bebió de un trago debido a la prisa mientras rechazaba la oferta de su madre de hacerle el desayuno excusándose en la hora ya que se le estaba haciendo un poco tarde y el camión escolar estaba por dejarlo como muchas veces antes lo habia hecho. Cogió su mochila tomando los libros que utilizo para hacer su tarea el día anterior que estaban encima de una mesa que se encontraba en la sala de estar y salio corriendo para tomar su transporte. Este camión escolar era como muchos otros. Subió y saludo al conductor que rea como muchos otros, y al igual que los muchos otros el conductor respondió de la misma manera. A lo lejos diviso a su mejor amigo, quien le había guardado un lugar como muchos otros días lo había hecho. Se apresuro a sentarse junto a el. Como muchos otros días los treinta minutos de camino a la escuela se pasaron muy rápido por sus entretenidas charlas. Descendieron del camión y como muchos otros alumnos se dirigieron hacia el edificio de la institución con la mayor calma y lentitud posible, como si quisieran dejar su alma afuera esperando mientras que su cuerpo entra y realiza todas sus actividades, claro que tuvieron que entrar acompañando a su cuerpo, ya que sin ellos es solo un despojo sin vida.
Con la misma lentitud con la que entraron continuaron su tranquilo y rutinario camino a los casilleros. Pero como muchos otros días su tranquilidad fue interrumpida por el timbre que hizo a todos correr como locos por los corredores para llegar a tiempo a clase y así aquel sonido del timbre que era como muchos otros en muchas otras escuelas cumplió con su oficio.
Pues así fue que aquel joven del que hablábamos asistió a la primera clase de la semana que como todos los lunes durante ya hacían cuatro meses era la misma. Las matemáticas en esta escuela no era nada diferente que en las demás, al contrario, eran igual de aburridas como en muchas otras, pero al igual que en aquellas otras no había quien se les escapara. Pues al contrario del camino a la escuela la clase se le había hecho eterna como muchas otras con anterioridad. Por supuesto como siempre salieron todos atormentados. Se sentían como si estuvieran mojados; de seguro era por la lluvia de números que sufrieron durante la clase anterior.
Durante el pequeño receso que hay entre clases todos aprovecharon para despejar un poco la mente para poder rendir de una manera adecuada en la siguiente clase, o en le caso de algunos trabajar decentemente siquiera.
Para su fortuna la clase que tocaba era taller de lectura y redacción, que nuestro joven protagonista disfrutaba entre algunas otras cosas que le gustaba hacer, y una de estas era escribir.
Su profesora, una persona muy preparada, les pidió a sus jóvenes pupilos realizaran una breve redacción, como muchas otras veces lo había pedido. Como siempre no falto el que se quejó, como muchos otros, de que siempre las misma cosa en esa clase a lo que la profesora le contesto como muchas otras veces que era la única forma de aprender a redactar, poniéndolo en practica claro, ¿como más?.
Pues todos comenzaron sus actividades como muchos otras veces, y como muchos otros siguieron con los mismos temas, las mismas tramas y los mismos personajes. Fue entonces que el joven del que hablábamos comenzó a escribir como muchas otras veces un cuento como muchos otros y este empezaba así:
Esta es una historia como muchas otras. Se trataba de un muchacho como muchos otros, que tenia una linda familia como muchas otras. Como muchos otros días se despertó
















Comments
"good"
--
Previous PageNext Page